La nulidad de un contrato y la anulabilidad

12/06/2018 - empresas, particulares La nulidad de un contrato

La nulidad de un contrato se basa en la invalidez del mismo como consecuencia de un vicio en uno de sus elementos básicos. Se diferencia de la ineficacia en que ésta, a pesar de tratarse de un acto válido, no produce sus efectos.

Pero, además, hay diferentes grados de nulidad en función de la importancia y trascendencia del vicio de que se trate, por este motivo cabe distinguir la nulidad y la anulabilidad.

Concepto de nulidad absoluta de un contrato y anulabilidad

La nulidad absoluta, también conocida como “radical o de pleno derecho”, se trata de la invalidez del contrato por ausencia de uno de los elementos del contrato o por incumplimiento de la normativa.

En este sentido, el contrato no reúne las condiciones determinadas por la ley (consentimiento, objeto y causa) o bien se infringen normas imperativas y prohibitivas, lo cual implica que el acto se considere inválido, al privar de eficacia jurídica a la relación contractual.

La anulabilidad o nulidad relativa, por el contrario, se trata de un tipo de invalidez basado en una anomalía del contrato de manera que se presenta un vicio en la capacidad o voluntad de contratar que implica que una de las partes pueda solicitar su nulidad.

En este caso, el contrato sí reuniría los elementos esenciales determinados por la ley y, sin embargo, adolecería de un vicio de consentimiento que lo haría anulable. La normativa prevé que el vicio pueda considerarse por causa de error, violencia, intimación o dolo en la prestación del consentimiento.

Asimismo, la declaración de anulabilidad de un acto produce la eliminación del mismo con carácter retroactivo o bien la convalidación de la relación contractual mediante la confirmación del acto.

¿Hay un plazo para reclamar la nulidad de un contrato?

La nulidad absoluta se trata de un tipo de nulidad que es definitiva, lo que implica que no admita subsanación y se pueda reclamar en cualquier momento. Es por ello que la acción de nulidad absoluta no caduca ni prescribe con el tiempo. Pero es preciso que la acción de anulabilidad se solicite siempre que no hayan transcurrido cuatro años, que se empezarán a contar:

  • En los casos de violencia o intimidación, desde que éstas hubieran cesado.
  • En los casos de error o dolo, desde la consumación del contrato.

En relación con la consumación del contrato, es preciso distinguir entre los contractos de tracto único y sucesivo para diferenciar el momento de la perfección del contrato, que coincide con la formalización, del momento de la consumación del mismo.

Así, el inicio del cómputo en los contratos de tracto sucesivo no podrá iniciarse, al menos, hasta que las prestaciones entre las partes se hayan cumplido totalmente (consumación), que es el criterio asentado por la jurisprudencia, extendiendo el plazo además en casos particulares.

Efectos de la nulidad de un contrato

La declaración de nulidad de un contrato implica que se vuelva a la situación inicial, antes de que el contrato hubiera existido, de manera que se permite a las partes restituir la situación y las cosas a su estado anterior.

Los efectos de la nulidad, tanto absoluta como relativa, vienen regulados en el artículo 1.303 del Código Civil, el cual dispone: “Declarada la nulidad de una obligación, los contratantes deben restituirse recíprocamente las cosas que hubiesen sido materia del contrato, con sus frutos, y el precio con los intereses, salvo lo que se dispone en los artículos siguientes”.

Pero los efectos de ambos tipos de nulidad difieren en el sentido en que la declaración de nulidad absoluta implica que la ineficacia sea intrínseca por lo que carece de efectos jurídicos sin necesidad de su previa impugnación. El acto es inválido por si mismo, sin necesidad de intervención del juez, cualquier persona puede instar la nulidad y el juez debe apreciarla incluso sin que medie una solicitud.

Sin embargo, para que un acto se anule, es preciso que uno de los afectados lo solicite ya que son las partes las que tienen que instar la acción. De otra manera, el juez no tiene por qué apreciarla ya que la ineficacia no es inmediata, a diferencia de la nulidad absoluta.

Por último, la trascendencia de la nulidad supone que los actos posteriores que traigan causa del acto nulo también lo sean, sin otra limitación que la relativa a los terceros de buena fe que hayan podido confiar en la validez del acto. Es lo que se conoce como la teoría de la propagación de la ineficacia, que implica que todos los actos posteriores devenguen nulos.

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